martes, 23 de febrero de 2010

Mirame una vez más,


Una vez más – Pensó Ella – Una vez más, no pierdo nada – Dio media vuelta y cuando el pasaba por su lado lo tomo bruscamente del brazo y lo llevo a su lado.

No quiero que estén así las cosas – Dijo violentamente Ella, su brutal fe en si misma era notable No hay otra manera de que estén – Corrigió Él

Por eso mismo estoy acá ahora, por vos, para arreglar las cosas – Confesó Ella

Bueno, si querés arreglar las cosas, hablá vos – Dijo Él

Un brutal escalofrió le recorrió la espalda, su corazón no se había preparado para una respuesta así. De repente, toda la seguridad, toda la confianza en si misma y en todo su discurso se desvaneció, desapareció, como desaparece el sol cuando anochece. Tan fría y cruel desaparición.La desesperación se vio notable en sus pequeños ojos marrones, y Él, totalmente conciente de lo que sucedía, acotó:

Deberías pensarlo un poco más antes de hablarme – soltó una estúpida risita – Cuando estés lista me hablas, ¿si?

¿Perdón? – Vociferó ella – Me cansas, no soporto más tu estupida altanería. Quédate acá un minuto, solo un minuto te pido. Los ojos de Él la miraban, con asombro, casi con desprecio, podría decir. Nunca espero esa reacción de una persona tan frágil

Te necesito, odio admitirlo, pero te necesito. – Dijo ella, tomando aire. No quiso ni siquiera mirarlo a sus ojos, sabía que la mirada de desaprobación estaba cerca – Parezco, digamos, soy una estúpida reclamándote de esta manera. Lo sé soy patética. Pero te me hiciste necesario, sos mi droga. Me haces bien al principio, pero a la larga me destruís. – Confesó

Maldita y respetuosa distancia. Casi medio metro se guardaban, respetuosa e inservible manera de demostrar cortesía.¿Te es fácil verme e ignorarme? Parece que si, ¿No hablarme?, también. ¿Sabes que? A mí no. Me destruye esta estupida distancia que nos guardamos. Por un error que cometimos los dos. Las cosas se pueden arreglar.La soberbia reinaba en el, totalmente arrogante, la miraba.Por favor, busca un poco dentro de vos. ¿Vale la pena que echemos todo al olvido? ¿Qué hagamos como si no nos conociéramos? ¿Todo lo que vivimos juntos? ¿Todo lo que hicimos el uno por el otro? ¿Dónde quedo “Pase lo que pase, prométeme que nos vamos a tener el uno al otro, siempre”? ¿No significó nada para vos? – La distancia no se pudo sostener más, Ella la rompió, y se acerco a Él rápidamente - Mírame a los ojos y decide que todo lo que paso no significó nada. Mírame a los ojos y decime que vas a hacer como si no exista el resto de tu vida. Como que no pasó nada entre nosotros jamás. Decimelo, y yo me voy de acá. No me ves más la cara, me alejo de tu vida. Haceme saber que no vale la pena nada. Que jamás tengo que volver a amar a nadie. Mírame a los ojos y decimelo ahora. – Cada vez la distancia se disminuía más, más y más, a ella ya nada le importaba – Por favor, mírame, deja de lado tu estúpida soberbia y tus inútiles complejos, recorda todo lo que vivimos, y decime que no valió la pena. Y que jamás sentiste nada, te juro que no te hablo más si me decís lo que sentís, pero lo que sentís, no lo que respondes por impulso, sin pensar. Inmóvil se encontraba Él ante semejante planteó, por primera vez en su vida sintió como su boca intentaba responder y solo salían palabras sin sentido, su corazón y su mente no estaban de acuerdo, corazón y conciencia. Generalmente en Él, conciencia. Jamás escucho a su corazón, su propia maquina de mezclar sentimientos y jugarle bromas. La situación lo paralizó, su instinto primitivo, el amor, brotó de Él. La distancia ya no existía, un infinito beso cerro la declaración de amor más pura del mundo. Y ese beso, tan sencillo y complejo como la vida misma. Inconcluso y completo, totalmente distinto a los demás. Este si era amor enserio.

Jamás podría decir que eso no valió la pena – Consiguió decir tras fracasados intentos – Nacimos para querernos – Dijo, con ella entre sus brazos – Jamás amé a otra persona como te amé a vos.

Conjunto perfecto, un beso, un final feliz, unas lágrimas de felicidad.

#La ventana estaba abierta, lo que produjo que el frió entrara a la habitación. Así, Ella se levantó, confundida. Todo había sido un sueño. Estupida, sabía que eso ni en un sueño pasaría

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hablando como el estúpido con gran experiencia que preferiria ser un charlatán infantil castrado. Esta nota debería de ser muy fácil de entender. Todo lo que me enseñaron en los cursos de punk-rock que he ido siguiendo a lo largo de estos años, desde mi primer contacto con la, digamos, ética de la independencia y la vinculación con mi entorno ha resultado cierto. Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiendola, ni siquiera haciendo Rock'n'Roll. Me siento increiblemente culpable. Por ejemplo, cuando se apagan las luces antes del concierto y se oyen los gritos del publico, a mi no me afectan tal como afectaban a Freddy Mercury, a quien parecía encantarle que el público le amase y adorase. Lo cual admiro y envidio muchisimo. De echo no os puedo engañar, a ninguno de vosotros. Simplemente no seria justo ni para vosotros ni para mí. Simular que me lo estoy pasando el 100% bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar. A veces tengo la sensación de que tendría que fichar antes de subir al escenario. Lo he intentado todo para que eso no ocurriese. (Y sigo intentándolo, créme Señor, pero no es suficiente). Soy consciente de que yo, nosotros, hemos gustado a mucha gente. Debo ser uno de aquellos narcistas que sólo aprecian las cosas cuando ya han ocurrido. Soy demasiado sencillo. Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era un niño. En estas tres últimas giras he apreciado mucho más a toda la gente que he conocido personalmente que son fans nuestros, pero a pesar de ello no puedo superar la fustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico piscis triste, sensible, insatisfecho, ¡Dios mio! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho a como había sido yo. Llena de amor y alegría, confía en todo el mundo porque para ella todo el mundo es bueno y cree que no le harán daño. Eso me asusta tanto que casi me inmoviliza. No puedo soportar la idea de que Frances se convierta en una rockera siniestra, miserable y autodestructiva como en lo que me he convertido yo. Lo tengo todo, todo. Y lo aprecio, pero desde los siete años odio a la gente en general... Sólo porque a la gente le resulta fácil relacionarse y ser comprensiva. ¡Comprensiva! Sólo porque amo y me compadezco demasiado de la gente.
Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo por vuestras cartas y vuestro interés durante los últimos años. Soy una criatura voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión. Y recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente.
Paz, amor y comprensión.

Kurt Cobain

Un día cualquiera, una mañana calquiera, una noche cualquiera. El sol o la luna nos alumbrarán en la misma calle, en la misma vereda. Seremos dos extraños cualquiera, sin reconocernos. Mis manos pedirán sueños y tus manos dirán nada. Tus ojos tendrán tiempo y los mios recuerdos. Y seguiremos, frente en alto, los pasos de cualquiera. Será que nunca fuimos vos y yo. Será que bajo el mismo sol, aún bajo la misma luna, nunca dejaremos de ser dos perfectos extraños..

God bless you.

God bless you.